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9 consejos para ir de viaje en recuperación de un trastorno alimenticio

9 consejos para ir de viaje en recuperación de un trastorno alimenticio

Viajar es apasionante y divertido, pero lo cierto es que cuando sufres un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), sobre todo es terrorífico. Salir de la rutina, no controlar todo, ¿qué voy a comer?, ¿voy a poder hacer ejercicio?… Esta ansiedad es normal, pero no debe arruinarte el viaje. ¡Con estos consejos, podrás sacar al TCA de tu maleta y cerrar con candado!

Para escribir este artículo, me he basado en la experiencia de ir de viaje a Jordania con mi madre en septiembre de 2018 (llevaba algo más de 1 año y medio en recuperación). Fue fascinante, me encantó y me lo pasé genial. De una manera que habría sido imposible (y casi impensable) poco tiempo atrás. Al mismo tiempo, pasé momentos malos y mis pensamientos me intentaron engañar muchísimo. Lo que digo a continuación es lo que a mí me ayudó a luchar contra ellos y disfrutar a tope del viaje. Debajo de algunos de los consejos encontraréis fragmentos de entradas de mi diario durante esos días, que ejemplifican cómo yo los viví.

1. Espera a estar preparada

Por mucho que te apetezca viajar, sé sincera contigo misma. ¿Lo puede aguantar tu cuerpo? Quizás en el peso que estás sea un esfuerzo peligroso. Y, ¿está tu mente preparada? ¿O lo vas a pasar tan mal con la comida que no vas a poder disfrutar del viaje? Mide tus fuerzas. ¡Puedes usar la motivación de viajar como una razón más para seguir la recuperación!

2. Ten un ayudante

El miedo a subir de peso en el viaje va a hacer que tiendas a comer menos de lo que necesitas. El TCA te intentará convencer con mil argumentos de que no necesitas comer tanto. Y como no tendrás forma de medir y pesar los alimentos ni los mismos platos que en casa, es fácil subestimar las porciones. Por todo ello, lo mejor sería que viajes con alguien que pueda echar un vistazo a tu comida y orientarte. Y que te dé también apoyo moral, pues van a darse momentos difíciles, de duda, de pánico… Si viajas sola o con gente con la que no tienes suficiente confianza, busca alguien con quien poder hablar al final de cada día y mandarle fotos de tus comidas.

“Este viaje me quiero fiar totalmente de mi madre en materia de comida, aunque me aterrorice”.

“El desayuno ya me ha empezado costando porque yo me habría echado menos, pero ahí voy, fiándome de mi madre”.

3. Construye tu plato

Es posible que muchas veces comas de buffet, sobre todo en los hoteles. Mi recomendación en esas situaciones es que no cojas primero una cosa, luego otra, etc., porque entonces te será muy difícil calcular cuánto has comido y, como tus señales de hambre están todavía muy alteradas por la enfermedad, enseguida querrás parar. Es mejor que vayas con platos de un tamaño similar a los que uses en casa y te sirvas todo o casi todo a la vez, para que puedas ver mejor el volumen.

4. Atrévete a retarte

Es la ocasión perfecta para salir de tu rutina y tu zona de confort y probar cosas nuevas, comidas que no tendrías en tu casa y quizá ni siquiera en tu país. Sería una pena que te limitases a lo conocido y seguro, estarías desaprovechando parte del viaje. Recuerda que estarás en tu lugar de destino poco tiempo: ¿qué recuerdos quieres llevarte de él? ¿Que seguiste perfectamente tu plan de alimentación? ¿O que te arriesgaste y descubriste nuevos sabores ricos?

“La elección de la comida ha sido un poco complicada. Dudaba si ensalada o pizza. La ensalada complacía más a mi TCA, pero estando con algo de diarrea podía no ser lo más acertado [porque estaba lavada con agua de allí]. La pizza era más segura, pero me iba a hacer sentir más culpable, en plan: “eres una exagerada y ahora has elegido mal” o incluso peor: “eso es una excusa para justificarte y comer la pizza, pedazo de glotona”. Pero he apartado los pensamientos y he comido la pizza”.

5. Pero no siempre

Hay cosas más importantes que retarse. Para empezar, es fundamental que tomes las cantidades necesarias. Hacer un reto no puede implicar restringir el resto del día, porque tu salud es lo primero. Además, la comida es parte del viaje, pero no debe ser el centro: tienes que disfrutar de lo que estás viviendo. Ya estás haciendo un gran reto solo con romper tanto con tu rutina, así que si un reto más va a suponerte demasiado estrés o los pensamientos después van a ser tan fuertes que te van a arruinar el día, quizá no merezca la pena.

6. Tómatelo como algo cultural

La gastronomía forma parte de la cultura de cada lugar. Céntrate en probar los productos típicos de la zona (¡incluyendo los dulces!). Igual que vas a los museos, ves los monumentos, te fijas en los trajes tradicionales, escuchas la música de allí… mira el momento de la comida como parte de esta inmersión cultural.

“La merienda al final no ha sido lo que habíamos cogido, sino un dulce típico. Reto total”.

7. Ofrece

Dios no se va de vacaciones, sino que sigue a tu lado. Vas a tener muchas oportunidades de hacer actos de confianza y ofrecerle cosas que te cuestan. Él va a estar cuidando de ti. Cuando estés tragando ese bocado con un nudo en la garganta, dile: “Señor, esto es por Ti”, y deja tu recuperación en Sus manos.

“He tomado toda la comida del día, a pesar de estar en el avión. He tenido que luchar mucho contra el TCA. Que me intentaba hacer sentir culpable, primero por hacerlo [comer], estando sentada y no habiendo siquiera hecho ejercicio porque me he tomado el día de descanso como dijo mi entrenadora (¡y cómo me ha costado!). Pero, aún más, por poder hacerlo bien.

Me gritaba que me debería costar, que no debería tener nada de hambre, que soy una glotona por estar comiendo con ganas… vamos, ni tenía hambre ni no, pero, cuando he empezado, se sentía bien. Y eso me granjea su reprobación. Y me asusta, me siento sin control, como pozo sin fondo, como que a ver hasta dónde voy a caer si no me contengo mucho. Pero no he vacilado y lo he hecho todo, ofreciéndolo, con coraje y mucha confianza para creer que era un empeño bueno”.

8. Celebra tus logros

No te frustres con lo que todavía no te veas capaz de hacer. Van a ser días de especial ataque de los pensamientos, con demasiadas cosas que escapan a tu control. Y es completamente normal tener momentos de bajón, volver a caer en algo que ya creías superado… Intenta que no suceda, pero sé comprensiva contigo misma. Mira más bien a todo lo que sí estás consiguiendo. ¡Probablemente, un año o unos meses atrás no habrías sido capaz de llevar este viaje como lo estás haciendo!

“He tenido un derrumbe con la comida, porque en media mañana nos han ofrecido unas galletitas y yo iba a comerlas, pero mi madre me ha dicho de esperar porque era pronto, y me he rayado, y al final me las he comido pero ya deprisa y corriendo porque teníamos que entrar a otro sitio […] y sintiéndome sucia por haber tenido que pedirle a mi madre comer dulce… y encima claro, no podía llorar abiertamente [era un viaje en grupo organizado], así que lo he pasado fatal. Pero luego he sido valiente, he bloqueado los pensamientos y he continuado. Mi madre dice que está muy orgullosa de mí”.

“Lo sigo pasando mal con la comida, pero, como dice mi madre, lo que tengo que ver es lo mucho que he avanzado. Por ejemplo, estoy comiendo dulces todos los días, no estoy reduciendo aunque no haga ejercicio, soy algo más flexible con las sustituciones, incluso conseguí dejar una cosa que no me estaba gustando y coger su equivalente en otra”.

“He podido hacer por fin ejercicio. Estoy orgullosa de mí porque no me he lanzado a hacer una rutina fuerte, ni a usar máquinas […] y no la he alargado ni nada. Me asombra esa flexibilidad que llego a tener”.

9. Aprecia lo que puedes hacer

Gracias al peso ganado y gracias a la energía que te da la comida, se te abren nuevas posibilidades. Puedes caminar sin sentirte agotada, puedes participar en actividades, puedes vivir aventuras. Y gracias al espacio que tienes en tu mente ahora que no tienes que estar todo el rato preocupada con la comida y el ejercicio, puedes llenarlo de experiencias y recuerdos y empaparte a tope del lugar en que estés. Cuando te sientas agobiada o con mala imagen corporal, párate un instante a dar gracias por todo lo que la recuperación te está permitiendo hacer.

“Doy continuamente gracias por tener las fuerzas para hacer las cosas que estoy haciendo: caminar, cargar la mochila, escalar montañas, subir dunas… y, asimismo, porque mi madre no tenga que ir todo el rato preocupada por mí”.

Empieza a planificar tu próximo viaje ideal, ¡te mereces un premio por todo el esfuerzo que estás haciendo! Espero que allí puedas crear un montón de recuerdos bonitos, tantos como los que yo me llevo del maravilloso país de Jordania. Come para poder comerte el mundo.

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