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Las 12 ideas más irracionales de los trastornos alimenticios

Las 12 ideas más irracionales de los trastornos alimenticios

Una paradoja de los trastornos alimenticios es que pasas mucho tiempo en tu mente, pero cada vez piensas menos. Sí, piensas en cómo esconder la comida, en la próxima mentira que vas a contar, en cálculos de calorías, etc. Pero pierdes la capacidad racional y de pensamiento crítico. El trastorno alimenticio te lava el cerebro y te crea un mundo paralelo falso en el que vives, cada vez más alejado del real y que no cuestionas aun cuando sus premisas son cada vez más absurdas e insostenibles.

Esta entrada tiene un triple objetivo: crear conciencia de que los TCA son enfermedades mentales serias y no simplemente “dietas”; rebajar la frustración de quienes conviven con alguien que los tiene y no saben por qué no pueden sacarles de ahí; y reafirmar a quienes todavía les cuesta quitarse este tipo de creencias: son completamente falsas y tienes que seguir luchando haciendo lo contrario de lo que te dice la voz en tu mente.

1. La perfección

En las páginas pro ana, ser perfecta significa estar delgada. Punto. Esta es en primer lugar, evidentemente, la perfección física. No se admite que pueda haber muchos tipos de cuerpos bonitos ni que salud y belleza, al ser dos dones buenos, no pueden contraponerse. Hay un único estándar, marcado por las thinspirations—chicas, famosas o no, que creemos que han alcanzado esa perfección—: ser esquelética.

Es también una perfección moral. Creemos que denota fuerza de voluntad, disciplina y autocontrol. No ayuda cuando la sociedad nos adula por ello —“ojalá yo pudiera resistirme al chocolate”, etc.—. En realidad, no estamos en control, sino controladas, manejadas por el trastorno, que dirige nuestros pensamientos y acciones.

Por último, puede significar también, como en mi caso, una perfección religiosa. Para empezar, por simple asociación de los términos. Una vez has interiorizado que perfección = delgadez, cuando te hablan de que la perfección es la santidad, es fácil llegar a la conclusión de que santidad = delgadez. La exhortación “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48) convierte entonces el deseo de delgadez en un mandato divino. A partir de ahí, toda la Biblia se puede retorcer para apoyar esa idea.

Y, por otro lado, estaría toda la valoración del sacrificio, la mortificación y el ayuno, que resulta extremadamente detonante cuando no se explica bien o se recurre a tópicos simplistas —como que el ayuno santo es por Dios y el ayuno de un TCA es por vanidad; como si Dios y el TCA no se hubieran transformado para ti en una cosa y la misma—.

2. La grasa en el cerebro

A partir de aquí, el camino de los pensamientos desciende sin control por una senda cada vez más irracional y decadente, hasta llegar a cosas que ahora, vistas con cierta perspectiva, son absolutamente avergonzantes. Para que a nadie le dé miedo admitir sus propios pensamientos más perturbadores, empiezo yo.

Creer que, a menos comida, más inteligencia. Supongo que todos habréis oído sobre el colesterol que se puede acumular en las arterias. Pues yo lo extrapolaba y pensaba que, cuando comías demasiado —entended además lo que en esos momentos significaba “demasiado” (no era ni suficiente)—, la grasa se acumulaba en el cerebro (?) e impedía que las neuronas pudieran hacer bien las sinapsis y pensabas más lento y con más dificultad. Todo esto mientras yo destruía mi tejido cerebral.

Además, ciertamente el ayuno prolongado, como he podido contrastar también con muchas personas —no solo con trastornos alimenticios, sino que hacen “detox”, ayuno intermitente, etc.—, acaba no causándote hambre, sino proporcionándote un “subidón”, como si en efecto tuvieras más ligereza y claridad mental, como si estuvieras… elevado. Una euforia extraña. Hay varias explicaciones científicas: el cuerpo entra en cetosis, el cerebro libera ciertos neurotransmisores para lidiar con el estrés, etc. A esto se añade la adrenalina al hacer cosas prohibidas con la presión de que te pueden pillar. Pero todas esas reacciones, que justifican tanto creerte más inteligente como más santo (recordemos los éxtasis), no hacen sino enmascarar el deterioro que se está produciendo a pasos agigantados.

3. La familia

En mi delirio llegué a crear una “vida ideal”. Hay que entender que para mí la anorexia no era algo malo ni una enfermedad, sino un estilo de vida (ese es el lema por excelencia de las páginas pro ana) y además el mejor, un don, un privilegio que me había sido dado descubrir. Por eso, mi vida ideal consistía en encontrar a un chico católico y anoréxico (???) y adoptar —por razones obvias— hijos a los que criaríamos en este estilo de vida. Esto es quizá la parte que más me duele recordar, hacia la que siento más rechazo y arrepentimiento. Porque pretendía dañar irreversiblemente la vida de seres humanos inocentes.

4. Rituales

Por otra parte, es frecuente la comorbilidad (presencia de dos trastornos simultáneamente) de TCA y trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Y algunos comportamientos son con claridad de uno o de otro, mientras que en otros colindan y los límites son borrosos. En otro momento escribiré una entrada sobre mi experiencia con comportamientos puramente obsesivo-compulsivos. Pero unos y otros se tratan de rituales que sientes el deber de cumplir exactamente, porque de lo contrario es como si el equilibrio del universo se rompiera, como si de repente faltaran el orden y la simetría (nada que ver con la idea equivocada de “ser ordenado” como sinónimo de tener un TOC). Esa falta de armonía causa un gran estrés y sentimiento de culpabilidad.

Los rituales relacionados con trastornos alimenticios incluyen: tomar la comida siguiendo un patrón específico, por ejemplo en mi caso haciendo la forma de un 5 como el de los dados; deshacerse también de la comida siguiendo unos pasos (como mirar por la puerta a ver si viene alguien un número determinado de veces); tener que medir cada gramo de comida y contar cada segundo de ejercicio; obsesionarte con cada gramo de tu peso corporal sin entender que puede fluctuar; comprobar constantemente alguna medida corporal como el diámetro del brazo, etc. Otros que yo no he experimentado pero he visto pueden ser: comer solo a horas (con minutos) fijas del día, utilizar solo determinados cubiertos y platos, etc.

5. Calorías por todas partes

La obsesión con las calorías hace que las empieces a ver por todas partes. Si no hubiera descubierto después que en efecto a otras personas con TCA les pasaba lo mismo, no me atrevería a decir esto. Lo primero fue cerciorarme de que el agua de verdad no tenía calorías, porque en un momento dado tenía miedo hasta de beber.

También me daba miedo que al darme crema la grasa pudiera penetrar por mi piel y la absorbiera (?). Y oler comida, ¿podían las calorías viajar en las partículas por el aire y entrar por mi nariz? ¿Y si me tragaba pasta de dientes? ¿Y si tenía que sorberme los mocos? ¿Había que compensar si pasaba alguna de esas cosas accidentales? Otro problema eran los medicamentos, y estos sí los compensaba.

Y lo que más de los nervios me ponía eran las “transferencias”. Es decir, lo que pasa cuando alguien o algo toca su comida y luego la mía. Por ejemplo, cuando alguien te pide el cuchillo para cortar algo y te lo devuelve. O montones de veces cuando estaba cocinando junto con mi madre. Los nanogramos microscópicos de comida que pueden haberse traspasado a la mía.

6. Imagen corporal

Este es un ejemplo claro de la falta de racionalidad de los trastornos alimenticios. El número que aparece en la báscula puede decir que estás desnutrida, pero lo que tú ves en el espejo es que todavía deberías adelgazar más. Es decir, hay un conflicto entre una realidad objetiva y una percepción subjetiva. ¿A cuál das más crédito? Bingo. Y en los tiempos modernos esto se ha exacerbado por culpa del auge del subjetivismo. La realidad ya no debe condicionar lo que uno piensa, sino que lo que uno piensa es lo que constituye la realidad. Solo que, afortunadamente, a algunos todavía se nos sigue parando los pies.

Fuente: Ryan McGilchrist, Flickr

7. Paranoia

El fortísimo miedo a ser descubierta te lleva a vivir en un continuo estado de paranoia y sospecha. Esto fue lo que tristemente me llevó a tirar mi diario a un contenedor y dejar de escribir durante un tiempo.

Cuando mi madre no estaba en casa y yo tiraba la comida, siempre pensaba que en realidad podía estar fingiendo y haberse escondido en algún lugar del edificio. Llegué a sospechar que podría haber puesto cámaras ocultas. Si tiraba cosas en las bolsas de los cubos de basura del edificio, las metía al fondo por si ella las revisaba (?), si era en papeleras de la calle me iba lejos de casa por si ella miraba las de cerca.

Muchas veces no podía dormirme pensando en la comida escondida que tenía por si durante la noche ella pudiera ponerse a desmantelar la casa y descubrirla. Y siempre tenía que estar pensando nuevas excusas para justificar todo en lo que se me pudiera pillar, cómo explicar que en realidad todo tenía sentido y no se debía para nada a un TCA.

8. Creer que mientes muy bien

Esto me lleva al siguiente punto. En mi fantasía, yo era una súper agente secreto. Realmente creía que nadie se daba cuenta, que mis mentiras eran muy inteligentes y mis planes perfectos. Que era más lista que mi madre y que todos los médicos. Que cuando repetidamente decía que yo era naturalmente así de delgada y que no comía muchas cosas porque no me gustaban, todo el mundo se lo creía.

Ahora me da “risa”, y veo que solo me faltaba llevar un cartel anunciando que tenía anorexia. Claro, esto tiene que ver con la distorsión de la imagen corporal: yo no veía que fuera tan notorio. Mi cuerpo era ese cartel andante. Así que si tu también te crees que eres muy lista y estás engañando a la gente, que sepas que eres tú la que está siendo engañada por tu trastorno.

9. Estar dispuesta a todo

Un trastorno alimenticio requiere también una adhesión irracional. Una lealtad incondicional. Nunca cuestionar lo que te dice, y nunca poner otra cosa por encima de sus exigencias. Nunca contrastar opiniones con otros ni creerte lo que dicen los profesionales y artículos científicos. Estar dispuesto a perder todo: familia, amigos, salud, estudios o trabajo y hasta la vida. Es vender tu cuerpo, mente y alma. Por eso, es muy difícil convencer a una persona con TCA de que elija la recuperación amenazándole con todas las consecuencias fatales que puede traerle. No es que no las conozca ya. Es que hay algo superior a todo eso. La gran solución es devolver ese lugar de honor a quien le corresponde: a Dios.

Cerro del Cubilete, Silao, México

10. Compensar

Una característica que te hace pensar que el trastorno alimenticio es muy racional y científico es su fijación por los cálculos numéricos. Todo se basa en un sistema de compensaciones entre calorías ingeridas y calorías quemadas. Si una vez comes “de más”, o restringes más a la siguiente, o haces más ejercicio (o alguna gente purga).

Sin embargo, es un sistema que hace aguas por todas partes. Para empezar, siempre vas a tender a sobreestimar la comida y subestimar el ejercicio, “por si acaso”. Y una de mis obsesiones era tener margen, es decir, compensar siempre de más e intentar quedarme en un peso incluso inferior al que yo quería tener (que ya era muy bajo), para que si en alguna ocasión comía más o no podía hacer mis rutinas no pasara nada. Estas ocasiones no llegaban y el margen aumentaba cada vez más.

Pero, de todos modos, este sistema que parece científico no lo es, porque nuestro cuerpo no funciona así. No es una máquina, sino un organismo. No engorda si un día comes más, no adelgaza si un día comes menos, y ni mucho menos lleva la cuenta de lo que hiciste hace un mes para compensar algo que vas a hacer hoy.

11. Lo sano

Esto es otra gran paradoja irracional. No te importa la salud, la estás echando a perder y lo sabes pero proclamas alegremente, “¡estar delgada es más importante que estar sana!” y “¡mejor morir delgada que vivir gorda!”.  Y, sin embargo, te influye la salud. Cuando dicen que la gente tiene que comer menos y hacer más ejercicio, sientes que lo estás haciendo bien. Yo de hecho haciendo ejercicio me sentía saludable y fuerte, como que le estaba viniendo bien a mi cuerpo, cuando en realidad se estaba autofagocitando, rompiendo mis propios músculos para obtener la energía necesaria.

12. Contradicción flagrante con tus valores

El último gran punto de irracionalidad que quiero destacar es cómo tu trastorno alimenticio puede estar en contradicción con todo el resto de ideas que tienes; es básicamente como si estuvieras viviendo una doble vida, pero en su momento piensas que no tiene nada que ver y es compatible. Así, puedes querer a tu familia, pero no te importa que sufran al verte. Puedes valorar la honestidad en la amistad, pero no te importa mentir continuamente a todo el mundo. Puedes, como en mi caso, ser provida e ir a todas las manifestaciones mientras tratas tu vida como si no tuviera ningún valor. Incluso puedes (sí, también como yo) querer luchar contra el hambre en el mundo mientras tú estás más desnutrida que muchas de las personas a las que pretendes ayudar.

Conclusiones

Por eso en la recuperación es muy importante confiar. El TCA te quiere hacer creer que todo el mundo está equivocado menos tú, y por tanto el resto son tus enemigos. Es muy difícil aceptar que el criterio de otros es el válido, y lo que tú piensas, sientes en lo más profundo e incluso ves con tus propios ojos, es falso. Y dar pasos hacia lo que te dicen que va a ser lo bueno pero tú ves como la peor pesadilla. Pero por eso me gustan los testimonios de recuperación. Porque yo pensaba lo mismo, y ahora te puedo decir que confiar merece la pena.

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También recomiendo aprender. El conocimiento es poder. Cuando estés preparado y no te resulte detonante, intenta aprender sobre el funcionamiento del cuerpo, el metabolismo, la nutrición, etc. A mí esto me ha resultado de mucha ayuda para que no me engañen los pensamientos. Como, ok, yo puedo sentir una cosa, pero sé que la verdad es esto otro.

Y si eres un ser querido de una persona con TCA o en recuperación, te recalco que esto es irracional. Por tanto, sé que quieres entender, pero no se puede, porque no entra en la lógica de los parámetros normales de pensamiento. No se trata de entender, sino de acoger. Acoger con amor a esa persona, que por muy controlada que esté por la enfermedad, en el fondo sigue estando ahí.

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