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Evita siempre estas 8 frases detonantes cuando hables de comida

Evita siempre estas 8 frases detonantes cuando hables de comida

Pensar antes de hablar. Mucha gente hace lo segundo, poca lo primero. Y esto puede causar muchísimo daño a tu alrededor, porque nunca sabes por qué están pasando quienes te escuchan. 

Yo, concretamente, sé lo que pasa en el caso de los trastornos alimenticios, y cómo frases que la gente dice alegremente y a la ligera resultan terribles tanto para la gente que sufre estas enfermedades o se está intentando recuperar, como para quienes son propensos a ellas por alguna razón. 

A continuación pongo algunas de las frases más perjudiciales y, a la vez, más comunes. Estas no son frases que solo debas evitar decir delante de una persona que ya sabes que tiene ese problema. Sino que deberías evitarlas siempre, porque como he dicho no sabes qué semillas hay ya en la mente de quienes te escuchan, y también para frenar la perniciosa cultura de la dieta que ha enloquecido nuestra relación con la comida como sociedad. 

1. ¡Cómo nos hemos puesto! / Estoy llenísima

Cuando eran raciones perfectamente normales. Por alguna razón, este tipo de frases se consideran como un elogio a que la comida servida era muy buena, pero lo único que consiguen es que quien había comido bien ahora se sienta avergonzado porque crea que era demasiado. Es mejor decir: la comida era deliciosa, estaba todo muy rico, etc. Cuánto haya comido cada uno, y lo que esa cantidad suponga para su propio patrón alimenticio, es una cuestión privada. 

Por eso, lo fundamental es evitar frases con el plural inclusivo como la primera; pero cosas más sutiles como la segunda también son peligrosas, porque si otros han comido lo mismo que tú se sentirán culpables. Es muy común que las personas con trastornos alimenticios —también en recuperación, porque no eres capaz de controlar las porciones— comparen su comida con la de los demás para asegurarse de que no se están “pasando”.

2. No he desayunado / comido / cenado

Dicho con cierto toque de orgullo, como si fuera un logro y se buscase un aplauso al proclamarlo. Como si eso mostrara tu fuerza de voluntad. Por favor, guárdatelo. Estás haciendo que gente que sí lo ha tomado ahora se sienta mal por ello, inferior a ti. 

Otras veces, no se trata tanto de la comida en sí, sino de la glorificación del estar ocupado, en plan, tenía tanto que hacer que no tuve tiempo / me olvidé de comer. No sé en qué momento pasamos de la ley del mínimo esfuerzo al descanso cero, creer que cuanto más hagas, más eres. Si estás tan sumamente ocupado que no tienes tiempo ni para cuidar de tu salud, es un problema.

3. Qué gorda estoy

Cuando no lo estás. Otras personas que estén como tú —o que por distorsión de su propia imagen se vean como tú— pensarán entonces que también están gordas y tienen que adelgazar. De hecho, lo que no sé es por qué siempre tenemos que hablar negativamente sobre nosotros mismos y nuestro cuerpo. Incluso si de verdad quieres hacer un cambio (y sería saludable), ¿por qué no hacerlo partiendo del amor y no del odio? Y, desde luego, si te ves gorda cuando no lo estás —quizá por influencia de ciertos estándares de belleza muy torcidos—, revisa tus propios pensamientos, no sea que estés entrando poco a poco en un trastorno alimenticio.

4. Esto tiene / quema x calorías

Los números no deberían controlar nuestra vida. Podemos comer y movernos sin que todo tenga que ser una compensación. Nadie necesita que hagas alarde de tus conocimientos cuando no se te ha pedido. Mucho menos la gente que está intentando alejarse de esta mentalidad y no obsesionarse por los números. Contar calorías y macronutrientes es útil en algunas circunstancias. Decir a otro en público: “¿pero tú sabes cuántas calorías tiene eso?” nunca. Eso se llama food-shaming, avergonzar por razones de comida. Anunciar cuántas calorías ha quemado el paseo que acabáis de dar, tampoco. La gente ha salido para pasar un rato agradable contigo, no para que encaje en una cuenta.

5. X es súper malo para la salud / da cáncer

No contribuyas a propagar mitos nutricionales. Comprueba siempre tus fuentes y no digas nada a no ser que estés completamente segura. La moda ahora en la cultura de la dieta es restringir grupos nutricionales y cada día salen decenas de noticias alarmistas diciendo una cosa y la contraria. La única manera de frenarlo es con pensamiento crítico. Además, es muy difícil generalizar, o juzgar la dieta de una persona por una sola comida, o saber sus propias necesidades. Casi nunca es blanco o negro. Cuando lo sea, prepárate para dar una explicación y ofrecer alternativas positivas. AH, Y NO EQUIPARES JAMÁS SANO Y BAJO EN CALORÍAS.

6. He pecado / He caído en la tentación

Guárdate ese tipo de lenguaje para el confesionario. Nada me pone más enferma que la “religionización” de la comida. Pedir una opción u otra de un menú no te va a sumar o restar puntos de moralidad. Y, como siempre, el mayor problema es lo que transmites a los demás. Que para ti sea engañar a tu dieta, el placer de lo prohibido, y te parezca algo gracioso, no quiere decir que sea así para otra. Para otras, los adjetivos morales implican cosas serias. Por cierto, que si estás siguiendo una dieta que aborreces y en la que constantemente estás deseando cosas “prohibidas”, esa dieta probablemente esté mal.

7. Normalmente solo como x

No tienes que justificar por qué un día has comido más. Peor aún si en realidad has comido como siempre pero quieres quedar ante los demás como si no fuera así. De nuevo, comer menos no te hace mejor. Pero, aunque realmente ese día hayas comido más, las justificaciones son innecesarias. Entiendo que para eso, primero, la gente se debería refrenar de hacer comentarios sobre la comida de otros, y entonces nadie sentiría la necesidad de justificarse. Pero empieza tú el ciclo. 

Lo cierto es que debería ser igual cuando alguien come menos, y mira que me cuesta decirlo por lo detonante que es cuando la gente come muy poco. Pero es así. Ese problema se acabaría si la gente solo comiera poco cuando quiere comer poco, y no cuando siente que tiene que comer poco para quedar bien (esto es especialmente cierto entre nosotras las mujeres).

8. Voy a bajar / quemar la comida

Moverse, andar, hacer ejercicio, no debería ser nunca una compensación por haber comido. En todo caso, comer es la condición necesaria para poder hacer todas esas otras cosas. Al igual que no tienes por qué justificar lo que comes, no tienes por qué justificar el ejercicio que haces. De hecho, no deberías hacerlo por esa razón, al menos no solamente. Piensa en razones positivas por las que hacer ejercicio, todo lo que va a aportar a tu salud, a tu fuerza, a tu claridad mental, y sí, también a tu estética, pero no solo por el peso. No perpetúes la asociación del ejercicio a un castigo por el “pecado” de comer.

Te invito, pues, a que revises tu manera de hablar sobre la comida delante de los demás, y evitar este tipo de frases, con todas sus variantes. No se trata de ir con pies de plomo, sino en primer lugar de cambiar tus pensamientos —si dices esas cosas, es porque la cultura de la dieta te ha abducido— hacia otros más sanos, y después reflejarlo en tus palabras. Y de ser consciente del impacto que estas pueden tener en otros. Pide de verdad lo que dice el Salmo 141: “Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios”.

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