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10 frases detonantes que nunca debes decir a alguien con TCA

10 frases detonantes que nunca debes decir a alguien con TCA

Hace un tiempo vimos una serie de comentarios sobre comida que deberíamos eliminar de nuestro vocabulario siempre, porque perpetúan las imposiciones de la cultura de la dieta y contribuyen a crear una mentalidad general insana alrededor de la comida. Sin embargo, cuando sabes que una persona a tu lado sufre un trastorno alimenticio, hay que tener un cuidado especial. 

Frases dichas sin pensar, o incluso con la intención de ayudar, pueden resultar muy detonantes y tener efectos devastadores: bien consolidar las ideas retorcidas de la enfermedad si la persona no está aún en recuperación, bien herir profundamente a la persona y empujarla incluso a una recaída si lo está.

Con esto no quiero decir que si pasan estas cosas sea culpa tuya, o que tengas que andar siempre con pies de plomo. De hecho, lo cierto es que, cuando te recuperas de un trastorno alimenticio, TODO es detonante. Es imposible crear un ambiente aséptico, y tampoco sería sano, ya que la persona tiene que aprender a vivir en el mundo. Pero piensa también que, precisamente, ya tiene suficiente entre la pesadilla de su mente y todos los detonantes que tiene que afrontar en el día a día, y ten un poco de cuidado en aquello que sí esté en tu mano hacer fácilmente.

Entre esas cosas, subrayo evitar estos 10 tipos de comentarios:

1. ¡Ya me gustaría tener tu fuerza de voluntad!

(No, no te gustaría…) Esto es algo que me decían mucho cuando en la anorexia rechazaba por ejemplo comer dulces, chocolate, pizza, o no tomaba nada a media mañana o cosas así. Era muy contraproducente porque me llenaba de orgullo y me reafirmaba en mi idea de que yo era moralmente superior a todo el mundo por mi ascetismo. Como si la comida fuera una tentación y hubiera que evitar caer. Me encantaba suscitar ese tipo de admiración, sentir que realmente la anorexia me convertía en un ser más elevado que el común de los mortales, que no podían sino sucumbir a las pasiones de la carne. 

La clave está en entender que la persona con un TCA no tiene fuerza de voluntad ni control, sino que eso es todo una ilusión: en realidad, está completamente controlada por la enfermedad

Dejar de alabar la restricción de la comida y en su lugar normalizar que cada uno coma conociendo y escuchando a su cuerpo sería de gran ayuda para romper este ambiente tan favorable a la proliferación de trastornos alimenticios, tanto puramente restrictivos como de gente que restringe en público y en privado se ve abocada a atracones y purgas.

2. Ojalá yo tuviera ese problema

(Pues yo no se lo desearía ni a mi peor enemigo). Esta frase es común en respuesta a cuando dices que te cuesta ganar peso, comer más o hacer menos ejercicio. Denota una increíble ignorancia y falta de tacto y es muy peligrosa porque no solo hiere a la persona al sentir menospreciado su esfuerzo, sino que puede reforzar su creencia de que no está suficientemente enferma y no necesita ayuda.

La gente no entiende el sufrimiento atroz que conlleva un proceso de recuperación. Se queda en lo superficial. Si pudieran vivir 5 minutos en la mente de alguien que lo esté pasando, quedarían despavoridos como ante una visión del infierno

3. Me veo gorda a tu lado

Creo que aquí los primeros que tenemos que entonar el mea culpa somos quienes hemos hecho sentir a otros tan inseguros sobre sus cuerpos a causa de nuestro pésimo ejemplo. Aunque lo que es triste es que se haya creado una percepción social en la que un cuerpo desnutrido cause esa reacción en lugar de pena o incluso rechazo, lo cual no pasa hasta que se alcanzan números ínfimos.

Pese a todo, dado que como hemos dicho la persona con un TCA no está en control, pero tú sí, hazte responsable. No aceptes acríticamente las imágenes con las que nos bombardean las redes y los medios de comunicación. Plantéate primero si la persona parece realmente sana. Y no contribuyas a aumentar su ego ensalzando, aunque sea indirectamente, su delgadez. Este tipo de comentarios harán que quiera seguir estando así y que siga pensando que recuperarse, llegar a un peso sano, significaría ponerse gorda.

4. Se te ve muy sana / muy guapa

Esta es engañosa. La persona ha empezado a recuperar algo de peso y tú quieres expresar tu alegría y animarla. Pero lo que consigues es justamente lo contrario. Porque probablemente todavía le quede mucho camino por delante, y esto hace que piense que la gente ya la ve bien, y por tanto si gana 1 kg más ya se va a haber pasado y va a estar gorda (o quizá, que ya esté gorda, porque para nosotros sano es igual a gordo; somos los únicos enfermos a los que nos gusta vernos enfermos). Por consiguiente, es un frenazo para la recuperación.

Hay una manera muy sencilla de replantear este tipo de frases para que de verdad sean alentadoras, y es utilizar el comparativo: se te ve más sana (esta con cuidado por lo dicho anteriormente), mejor, más guapa… Esto transmitirá el mensaje de que conforme va ganando peso su aspecto mejora y animará a continuar para llegar al “más mejor”. 

5. Has cogido peso / Has engordado / Estás más gordita

Nótese cómo en las frases del apartado anterior el peso está solamente implícito, pero aquí se dice con todas las letras. Eso hace que sea mil veces más detonante. Coger peso se asocia siempre a algo malo, a lo que no hay que hacer, a una caída… Pero todavía hay algo millones de veces peor y es utilizar cualquier palabra que pueda relacionarse con la gordura. No utilices nunca la palabra “engordar” como si fuera un sinónimo de ganar peso, porque está cargada de connotaciones negativas. Es como si le estuvieras diciendo que le está pasando la absoluta peor desgracia del mundo y que además se lo está buscando; si sigue en ese camino (la recuperación), se seguirá hundiendo en esa cosa tan horrible por su culpa

6. Qué bien que ya no te preocupe tanto tu cuerpo

La mente de una persona en recuperación de un trastorno alimenticio siempre va a interpretar eso como que crees que se está “dejando”, volviéndose perezosa en el cuidado de su cuerpo. Y, por tanto, gorda.

Es cierto que hay personas que lo que quieren con la recuperación es desentenderse por completo de cualquier preocupación respecto a su aspecto físico, pero muchísimas otras no. Por el contrario, mantenemos el mismo objetivo, solo que aceptamos (con mucho esfuerzo) que por distorsión de la imagen corporal lo hemos estado buscando de la manera errónea, y que lo alcanzaremos con la recuperación. Que nuestro punto de mayor salud será también el de mayor belleza. Este comentario, en cambio, vuelve a hacer aparecer ambos conceptos como polos opuestos. Además de hacer a la persona sentirse vanidosa porque sí le preocupe su cuerpo, como si lo moral fuera que no, lo cual es muy injusto.

7. ¿Vas a comer (todo) eso?

Entiendo que te sorprenda que alguien que solía comer una ensalada de la huerta esté tomando dos platos, pan y postre. Pero esa persona ha hecho un esfuerzo brutal por no ceder a las extorsiones de su mente y pedir lo que debe, y solo está deseando que nadie la ponga en evidencia. Que nadie se dé cuenta, y si lo hace, que no comente nada. Le harás replantearse su valiente decisión y sentirse avergonzada o como si tuviera que dar explicaciones. Lo que interpretará es que está comiendo mucho, demasiado. Que se ha convertido en una más de las personas glotonas y sin fuerza de voluntad que siempre le han dado tanto asco. 

8. Pensaba que solo comías sano

Para empezar, no puedes saber si alguien come sano o no solo viendo una de sus comidas, porque una comida no es sana o insana, solo una dieta. Comidas poco nutritivas, con muchos aceites o azúcares, o ultraprocesadas, consumidas abundantemente a largo plazo, hacen que una dieta sea insana. Pero, en el contexto de una dieta basada en alimentos nutritivos, reales y completos, solo hacen que sea equilibrada para la salud mental de la persona. De nuevo, piensa que para atreverse a comer eso, la persona ha tenido que superar muchas barreras mentales y enfrentarse a todos sus miedos chillando. Ha hecho algo heroico. No necesita que alguien exprese en voz alta las mentiras de su mente. 

Además, lo que es saludable en la recuperación no se corresponde con lo que es saludable en general. Yo ahora como de una manera muy diferente a como lo hacía en los comienzos de mi recuperación, pero entonces comía de una manera infinitamente más diferente a como lo hacía en la anorexia. Había que enfrentar todas las comidas que había evitado durante años y años porque me daban miedo y las consideraba malas. Eso incluía muchos alimentos que hoy en día no forman parte habitual de mi dieta. Pero no me arrepiento de cómo lo hice, necesitaba romper esas barreras. Por no hablar de que cuando estás en una situación tan crítica, cualquier comida es incomparablemente mejor que no comer.

9. Ojalá yo pudiera comer eso y no engordar

Con ello la persona interpretará que por comer eso va a engordar; lo cual, recordemos, no significa para ella ganar peso —lo que tiene que hacer y si está en recuperación está buscando— sino volverse gorda. Por eso es tan detonante. También puede dar a entender que envidias su delgadez, punto ya tratado. O llevarle a pensar que entonces cuando esté en un peso sano ya no podrá comer libremente sino que tendrá que restringir otra vez para no “pasarse”. 

En cuanto a ti… ¿por qué no puedes comer eso? Si tu metabolismo es más lento, tu cuerpo no te está pidiendo más comida; por consiguiente, no tienes ninguna razón para envidiar a una persona que necesita una cantidad mayor. Y si no es así… ¿quizás estás imponiendo una restricción artificial a tu cuerpo y necesitas empezar a comer más intuitivamente?

10. Comes muy deprisa / muy despacio / [cualquier otro patrón]

Cuando estamos empezando a recuperarnos de un trastorno alimenticio, en general no nos gusta comer en público. No podemos controlar tanto la comida, no podemos permitirnos llorar o tener un ataque de pánico, no podemos tomarnos 10 minutos para respirar repitiéndonos mantras positivos, comparamos obsesivamente lo que comemos con lo que otros comen y nos ponemos de los nervios si comemos más que otros, estamos expuestos a todo tipo de comentarios detonantes sobre la comida, nuestra comida y nosotros mismos, etc. Pero, además, es que nos sentimos observados y juzgados. Intentamos convencernos de que no es así, de que cada persona está a lo suyo y punto. Por eso, cualquier cosilla que alguien diga poniendo en cuestionamiento algo de nuestra forma de comer es mortificante. 

Conclusión

Quedo pendiente, por petición popular, de escribir una versión positiva de esta entrada (actualización: ¡aquí está!) y aquella de comentarios de comida que nunca se deben hacer. Es decir, qué tipo de cosas sí se deben decir y son de ayuda (aunque ya he ido dando pistas). Pero consideraba urgente ofrecer primero esta guía sobre lo que no hay que decir. De hecho, a no ser que seas alguien muy cercano, ante la duda lo mejor es siempre callarse, decir lo menos posible sobre lo que otros comen o su físico. Da igual si es una broma o si lo dices con buena intención: normalmente es una mala idea. 

Si realmente quieres contribuir a que los momentos contigo, especialmente los que implican comida, sean lo más tranquilos y cómodos posible (nunca será al 100%) para las personas que se están recuperando de un trastorno alimenticio, evita hacer este tipo de comentarios y corrige a otros cuando los hagan. Te aseguro que crear este tipo de ambiente positivo puede marcar la diferencia y ayudar a que la persona se sienta más segura para continuar dando pasos.

¿Dividir los alimentos en

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